Medellín, una ciudad insegura para los artistas
¿No parece algo extraño que en Medellín, una ciudad que se ha preciado en esta administración de ser centro de la cultura y las artes, una enorme cantidad de artistas de todas las áreas no posea aún una seguridad social digna?. El artista es un profesional y presta un servicio público de indudable valor, independiente de que esté sometido a un contrato escrito. De hecho existe un contrato tácito entre el artista y la sociedad, el artista sacrifica gran parte de sus posibilidades dentro del mundo económico por darle a la sociedad algo que esta necesita cada vez más en medio de los avatares del mundo moderno: arte y espíritu: Es entonces deber de la sociedad, retribuirle al artista y proporcionarle un mínimo de condiciones para cumplir con su misión. El estado, como fiel representante de la sociedad debe asumir esta obligación no como una carga sino como una justa contraprestación por los beneficios que el artista le ofrece a la comunidad . ¿No le parece extraño que una ciudad que gasta más de 40.000 millones de pesos anuales en cultura no se haya preguntado por una de las materias primas básicas fundamentales de la cultura, como lo son los artistas? ¿Puede acaso confiarse en una administración así? ¿No cree que esto debería cambiar? ¿No va siendo hora que la primera pregunta de los secretarios de cultura al asumir sus cargos sea por la condición de los poetas, los pintores, los hombres de teatro y no por el estado de tal o cual institución? Los artistas no podemos seguir priorizando las ideologías por sobre nuestras reivindicaciones y necesidades, debemos reflexionar acerca de nuestra condición y hacer valer nuestra voz para que las cosas cambien independientemente de quienes sean los que produzcan los cambios. Los artistas no debemos estar con tal o cual partido o movimiento político, a pesar del derecho que nos asiste a votar y hacer uso de nuestros derechos democráticos en toda su amplitud. Son los partidos o movimientos los que a través de los más capaces de entre sus militantes deben de agudizar sus sentidos y percibir la importancia del artista creador dentro de nuestro contexto social específico y valorar sus aportaciones. En los años setentas y ochentas se tenía una concepción ultra-materialista de la vida y por ende también de la política, de ahí que asuntos como el arte se dejaron de lado, el largo listado de muertos ha dejado patente el error cometido. La pasada década y esta que corre dieron lugar a un cambio y una mejor valoración del fenómeno del arte y la cultura en nuestra ciudad, sin embargo lo eventual sigue primando sobre lo permanente, como niños todavía nos fascinamos con las chispas, pero aun no somos capaces de producir y fomentar un fuego cultural perdurable, un fuego que nos caliente a todos por igual.. La pregunta que surge es: ¿Pueden acaso existir arte y cultura verdaderos sin el individuo creador, sin el artista? ¿Y puede acaso el artista hacer cultura sin haber solucionado los problemas básicos para su existencia y devenir dentro del mundo? Definitivamente Medellín podrá ser en muchos aspectos más segura hoy que ayer, pero para los artistas sigue siendo la misma ciudad insegura y cruel que fue en el pasado cercano. En manos de los mismos artistas y de hombres públicos concientes y capaces de pensar más allá de si mismos está el revertir esta lamentable situación.